Algunos libros parecen querer edificarse sobre arenas movedizas: por la tradición a la que escogen pertenecer, por la dificultad de sus asuntos, y por la variedad de tonos. La intención de contar y cantar, a través de un poemario, la propia historia matrimonial (la ilusión, el amor, el desencanto, la duda) podría resultar una forma de suicidio literario. Sin embargo, Piqueras, en este libro —escrito en Roma, Atenas y Argel— convierte su íntima odisea conyugal en la aventura sentimental de todos los lectores, que sabemos que el amor, como la poesía, es una cuestión de fe. CARLOS MARZAL